Los ángeles son espíritus puros, es decir “libres de toda materia”, y por lo tanto de naturaleza inmortal. Ellos existen para glorificar a Dios y ser sus mensajeros… de hecho su función más importante es ésta: ser el nexo entre Dios y el Hombre, y en segundo término proteger a los hombres y velar por su salvación.
La mayoría de las religiones y la Teología reconocen su existencia desde los primeros tiempos a través de escritos bíblicos e históricos. Para la Iglesia Católica, los ángeles son una “verdad de fe”.
Su naturaleza espiritual implica que son libres de todas las limitaciones que lo humano -naturaleza física/espiritual- involucra, por lo tanto su respuesta al amor de Dios no necesita tiempo ni reflexión para crecer y madurar, como nosotros.
Los ángeles fueron creados perfectos, de ahí su poder y entendimiento, en cambio nosotros fuimos creados para “perfeccionarnos”.

Entendiendo esa diferencia esencial entre hombre y ángeles, se entiende que las “almas” no son ángeles, ni viceversa. Una persona que se muere, no se transforma en ángel o en demonio según su comportamiento en vida.
Por su perfección, los ángeles no tienen la oportunidad de equivocarse, arrepentirse y de ser perdonados. Sólo hubo una oportunidad al principio de los tiempos, cuando Dios les puso una prueba moral para ganar la Felicidad Eterna: ante ésta falló más o menos un tercio del total, que son “miríadas” (millones de millones), y este tercio se compone de los Ángeles Caídos o Demonios.
Los demás ángeles, los que “pasaron” la prueba divina, están organizados jerárquicamente y sirven eternamente al Señor.

Originalmente la palabra proviene de Grecia: Angelos; luego la asumen los romanos: Angelum. Significan mensajeros, y se les cataloga como espíritus celestes creados por Dios para realizar misiones especiales con relación a la humanidad.
Son seres de luz, que antes de nuestro nacimiento el ángel apoya un dedo sobre nuestros labios y dice: “Calla, no digas lo que sabes”. Por eso nacemos con una hendidura en el labio superior, sin recordar nada del sitio de donde venimos.
Cuando un espíritu entra en un cuarto uno experimenta un escalofrío, como si se hubiese dejado una puerta abierta, y cuando el espíritu nos toca sentimos un frío polar. Todas estas son características de los fantasmas. Pero los ángeles son diferentes, nadie que haya visto un ángel lo confunde con un fantasma. Los ángeles son notablemente cálidos y quienes los han visto se refieren a ellos con reverencia y describen su luz iridiscente y brillante, de colores intensos o su cegadora blancura. Pueden presentarse como un pensamiento que asalta a nuestra mente, como una sensación o como voces sin cuerpo.
También como visiones, sueños o adoptando la forma de animales, luces en el agua, y también personas que jamás volveremos a encontrar. La persona que los ve se llena de alegría y felicidad, ya que nos transmiten un mensaje de no temer, de ayuda o de esperanza.

Son mensajeros de la divinidad y emanan serenidad y las personas que han recibido su visita han tenido la sensación de haber sido rozadas por alas silenciosas también como visiones, sueños o adoptando la forma de animales, luces en el agua, y también personas que jamás volveremos a encontrar. La persona que los ve se llena de alegría y felicidad, ya que nos transmiten un mensaje de no temer, de ayuda o de esperanza. Son mensajeros de la divinidad y emanan serenidad y las personas que han recibido su visita han tenido la sensación de haber sido rozadas por alas silenciosas La persona que se encuentra con un ángel nunca vuelve a ser la que era antes de ese encuentro. Los ángeles suelen aparecer con más frecuencia a los niños, santos e inocentes, que tal vez tengan una percepción más clara que la nuestra.