Historia

Los verdaderos orígenes del Tarot se han perdido en el pasado. Los primeros antecedentes históricos conocidos se encuentran en la civilización indo-semita europea, donde era considerado una compilación de antecedentes históricos y de sabiduría, a la vez que un juego adivinatorio.
Fue masificado por Europa alrededor del siglo X después de Cristo, siguiendo, la ruta de los comerciantes de la seda. Muy utilizado por los chingaros y gitanos.
Entre los siglos XII y XVI los cabalistas, que eran perseguidos por la inquisición, bajo sospecha de almacenar conocimientos inspirados por el diablo, se dieron al trabajo de agregar al juego que circulaba entre los ciudadanos, los 22 arcanos mayores correspondientes a sus 22 letras-números, para que pudieran seguir circulando sin riesgo de ser destruidos y pudieran seguir siendo traspasados de una generación a otra. Esta es la razón por la que el tarot sigue siendo la base de las principales artes adivinatorias y reveladora de profundos principios cabalísticos.

Estructura

Las cartas del Tarot, derivadas del Tarot de Marsella, considerado el más antiguo conocido y del cuál se han hecho innumerables recreaciones y adaptaciones, de las que el Tarot de Rider-Waite es el más usado, por tener imágenes más fáciles de interpretar para la mentalidad occidental, consta de 78 cartas divididas de la siguiente forma:
22 Arcanos Mayores que, están constituidos por 21 arcanos propiamente tales, más el número 0 o XXII que es El Loco, que los recorre de principio a fin y vuelve a empezar.
56 Arcanos Menores divididos, a su vez, en 4 elementos, Oros, Copas, Espadas y Bastos, con imágenes de personas viviendo en situaciones sociales y circunstanciales comunes, numerados del 1 o As, hasta el 10, seguido por la realeza compuesta de Paje, Caballero, Reina y Rey.

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